En mi pasada visita a Caripe, aproveché de tomar muchas fotografías, entre ellas de sus flores, las cuales abundan en casi todos sus rincones, no en vano se le conoce a este hermoso pueblo como el Jardín de Oriente. Y es que su clima es el aliado perfecto para la formación de muchas de ellas.

Una de mis tías abuela, quién ha pasado toda su vida en este terruño, es amante de las flores, de hecho desde hace muchas décadas tiene su propio vivero, más para su satisfacción personal que por algún fin económico, como ella siempre dice: no hay precio para el amor.

Les habla, les canta y en oportunidades hasta las regaña si han tardado mucho en mostrar todo su esplendor. Tiene una gran variedad: rosas, lirios, orquídeas, un largo etcétera y mis favoritas, las trinitarias.

De las trinitarias o buganvilla, como es su nombre científico, he sabido que en algunos países aprovechan su flor para hacer infusiones que ayudan a combatir enfermedades respiratorias asociadas al asma y la gripe.

Sin embargo, al nombrarlas siempre llega a mi memoria un viejo consejo de mi abuela, que decía que esa mata era tan bella que no debía estar en la casa de algún matrimonio, pues alejaba al hombre del hogar y la mujer terminaba siempre sola. Desconozco cuánta verdad haya en sus palabras, aunque casualmente en las casas donde las he visto florecer, está sola la mujer.

En todo caso, por si las moscas, evito sembrarlas en mi jardín jajaja. Me plazco de admirarlas cada vez que me paseo en los jardines de mi tía.

**¿Y ustedes qué saben de ellas?**

Todas las imágenes son de mi autoría.

Captadas con el lente de un Apple iPhone 7.
Edición: Microsoft Office 2010

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